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martes, 4 de noviembre de 2008

Dakar

Los avatares de la vida habían llevado al Barón a África, esta vez solo, ya que su amigo el Vizconde Federico, seguía alicaído sus andanzas por las tierras de las blancas bahías. Añorando sus paseos juntos, iba el Barón por las sucias calles de Dakar, atravesó el mercado - donde los antiguos esclavos y actuales despojos de la liberación ofrecían a los transeúntes sus mercaderías - en dirección al lugar que frecuentaban los blancos para beber. Tenia sus ventajas el ir a beber a este lugar, ya que no había negros dentro de el, salvo los mozos como corresponde. Cuando llego al lugar el portero abrió solícitamente la puerta, y al entrar pudo reconocer a los habitúes en un solo golpe de vista, se dirigió a la mesa donde estaba sentado uno de sus compañeros de bebida, lo saludo, se sentó a la mesa y pidió su habitual J&B, ni la desgracia de estar en África impedía al Barón beber su whisky preferido.

Miro alrededor para ver detenidamente quienes estaban en el lugar, a su izquierda pudo distinguir a Cindy y Rosie dos lesbianas austriacas muy hermosas que habían compartido varias noches de alcohol y placer junto al Barón, levanto su vaso y con un gesto las saludo, cuando dirigió su mirada hacia la pista de danza del salón vio a la Condesa Sofía, una francesa alcohólica y vieja como la humedad que tenían las paredes del local, con sus labios pintados de color rojo que parecían las luces de atención de los cruces de ferrocarril.

Sofía era una de las "madame" más populares de la ciudad, todos acudían a sus servicios, proveedora de la mejor carne en pie que se podía conseguir por esos lugares, antigua vendedora de esclavas, ahora las esclavizaba con mas sutileza. La vieja zorra no perdía ni el pelo ni las mañas, en cuanto vio al Barón se acerco a la mesa a pasos tambaleantes y extendió su mano para saludarlo, que como buen caballero la beso y la invito a sentarse junto a él; la Condesa agradeció y pidió una botella de champaña, sabia bien que el Barón pagaría su botella, siempre lo hacia, aunque el precio de su botella fuese el contarle las historias de su pasado o de sus pupilas, ya que al Barón no había nada en el mundo que le gustase mas que oír historias de prostitutas, y ella no solo sabia muchas, sino que de algunas había sido la protagonista.

Sin esperar a que el Barón se lo pidiera la Condesa empezó a relatarle la historia de una de sus pupilas, una libanesa de 16 años, que se encontraba bailando en una discoteca cuando se le acerco un hombre de unos cuarenta años y le pidió que se sentara con él en su mesa, el hombre se dirigió a su mesa y ella lo siguió, cuando llegaron a la mesa había otro sentado en ella mucho mas joven que aquel que se había acercado, al cual fue presentada, en la mesa había una botella de whisky y tres vasos, dos estaban servidos y otro vacío, cuando ella se sentó sirvieron el tercer vaso y se lo ofrecieron, después de brindar, sin ningún tipo de rodeos el hombre mayor le propuso ir a su departamento y tener relaciones los tres, a lo que la muchacha no se negó, pero cuando le dijeron que estarían los tres juntos en la cama y tendrían relaciones con ella en forma simultánea esta se opuso, no por mucho tiempo, ya que cuando el hombre le mostró su billetera esta accedió de inmediato, terminaron la botella y se dirigieron los tres hacia la calle.

Cuando llegaron al departamento, se dirigieron directamente al cuarto, donde los dos hombres empezaron a quitarse la ropa, cuando ella comenzó a desvestirse, la interrumpieron diciéndole que debía esperar, una vez los dos desnudos, se acostaron en la cama uno al lado del otro y le pidieron que se suba a la cama y que comenzase a desvestirse lentamente, ella tenia puesto un pantalón muy ajustado de color negro con una blusa del mismo color que marcaba el contorna de su figura, los zapatos eran también de color negro con tacos aguja de 10 centímetros, lentamente comenzó a desabotonar la blusa, mientras los dos hombres no le quitaban los ojos de encima y se masajeaban los genitales, dejo al descubierto un corpiño de encaje color negro que se destacaba sobre su piel blanca, por el que se podían ver sus pezones redondos y grandes a través de él, cuando se lo quito sus pechos seguían en la misma posición que estaban, duros y erguidos.

Lentamente comenzó a bajarse los pantalones mientras los dos disfrutaban del show que ella les estaba proporcionando, movía las caderas en círculos sensualmente, mientras los excitaba y se excitaba, ella también estaba comenzando a sentir una excitación especial a ver que los dos no sacaban los ojos de encima de ella, era la primera vez que estaba con dos hombres juntos en la misma cama y eso la excitaba mucho mas, al principio había sentido temor cuando se dirigían al departamento pero ahora lo estaba disfrutando, cuando el pantalón llego a sus tobillos y estaba a punto de quitarse los zapatos para sacárselo, el hombre mayor la interrumpió. Pidiéndolo que se dejase los zapatos puestos, como pudo se quito los pantalones sin sacarse los zapatos y lentamente se fue inclinando sobre el que había hablado, hundió su cabeza entre las piernas de él y comenzó rítmicamente a hacerle una "fellatio", mientras que el mas joven sin perder tiempo hundió su cabeza entre las piernas de ella y comenzó un "cunninlingus".

Se mantuvo así hasta que no soporto mas el deseo de ser penetrada, y le pidió que por favor lo hiciera, el instinto sádico del hombre hizo que rogara aun más para ser penetrada, ella estaba a punto de gozar, pero quería ser penetrada para que el gozo fuera mayor, pero el se negaba y la hacia sufrir mas y mas, cuando ya estaba a punto de gozar sin ser penetrada, el hombre mayor se incorporo, se puso por detrás de ella y la penetro, con violencia de una sola estocada entro dentro de ella, y comenzó a moverse lentamente dentro de ella, a un ritmo que la ponía frenética, mientras el otro pasaba su lengua por sus pechos, creía que iba a llegar a la locura, cuando decidieron penetrarla los dos a la vez, uno se acomodo debajo mientras ella subió encima de él, y el otro la penetro por detrás, su cabeza daba mil vueltas, sentía placer y dolor al mismo tiempo, había perdido la cuenta de cuantas veces había gozado, nunca se había enterado que era multiorgasmica, ahora lo estaba sabiendo, siguieron en ese frenético tren hasta que los tres gozaron, y se quedaron tendidos en la cama sin decir palabra uno al otro, disfrutando de lo que cada uno sentía.

El Barón, miro a la Condesa y le agradeció que haya sido lo suficientemente discreta como para no decir que era él quien había sido uno de los protagonistas de esa historia.¨

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